Starfish.
La última vez que se habían visto no todo había salido bien. En realidad había salido todo mal. Todos los planetas parecían haberse alineado para que ese, entre un millón de reproches, resultara ser el peor de los pocos encuentros fortuitos que tuvieron después de aquel día que tanto El como Ella me prohibieron mencionar.
Esa fue la peor de las últimas veces; y definitivamente no sería la última.
De todos modos El no pensó en eso al ver la figura de Ella, haciendose cada vez menos lejana a través del pasillo del semivacío supermercado. En realidad El no pensó en nada, simplemente sintió su cerebro dejando de funcionar una vez pasado el shock inicial, dejando su accionar exclusivamente librado a la inercia, como una estrella de mar o uno de los humanoides que van a la tribuna de Omar Gutierrez al ritmo de alguna horrenda cumbia villera.
- ¡Hola! ¿¡Como andás tanto tiempo!? - Dijo Ella mientras dejaba su carrito a un lado para besarlo en la mejilla, con un tono de voz inusualmente agudo y una sonrisa artificial en la cara que demostraba su agrado por verlo, o más bien demostraba la intencion de demostrar agrado al verlo.
El esperaba cualquier cosa de Ella a esa altura, había pensado unas mil veces en como sería la proxima vez que se encontraran, y nunca había considerado la posibilidad de que ella pareciera tan amable y a la vez tan fría con El.
Era raro para El verla tan distinta de como la recordaba. Tan feliz y lejana a lo que solía ser, que parecía una version anestesiada de la persona que conocía. Como si le hubieran insertado una sonda en el cuerpo y a traves de ella le hubieran quitado todos los sentimientos que esa persona supo tener, para volverla una persona tan neutra e insípida. En ese momento, de haber tenido la capacidad de pensar, se hubiera preguntado si no fue El, o más bien su accionar, el responsable de insertar la sonda.
Ella se despidió de el con la misma sonrisa artificial en su rostro, despues de hablar unos pocos minutos sobre cosas triviales. Sobre obligaciones familiares, sobre su trabajo, sus vacaciones, su hijo y su marido. Y al mencionar esta ultima palabra el no sintió el Tsunami arrasando su ciudad interna, como pensó que iba a pasar. Tal vez por eso cuando la conversación terminó, a El le quedaron dos cosas claras: El ya no sentía nada por Ella y viceversa. Ninguno era una parte del otro, excepto de sus memorias, y estaba bien que así fuera. Los sentimientos tienen fecha de vencimiento después de todo.
Estos hechos le resultaron entendibles, lo que no pudo entender, sin embargo, fue la profunda sensación de tristeza que lo invadía. Entonces, cuando se iba a poner a pensar por primera vez desde esa reaparición fugaz…
- Prometeme que no me vas a seguir después de esto.
El sintió su voz y suspendió todos los procesos que se desarrollaban en su cuerpo. Se dió vuelta como pudo, a pesar de que su hemisferio izquierdo lo habia convencido casi irrevocablemente de que era todo parte de su imaginación, tal vez para no desilusionarse si ella no estaba ahí cuando mirara hacia atras, pero allí estaba Ella. Esta vez mirando al piso, menos distante, más cercana a la persona que solía conocer.
- Prometeme que no me vas a seguir después de esto. - Repitió Ella, casi con vergüenza, ante la cara de sorpresa de El.
- Lo prometo. - Respondió el, en un volumen lo suficientemente bajo como para denotar el nerviosismo que sufría en ese momento.
Ella esperó dos segundos interminables y lo besó, ante la curiosa mirada de un reponedor.
Cuando terminó, Ella le sonrió timidamente y se dió media vuelta, para alejarse sin mirar atrás.
El no fue tras Ella, y creo que estuvo bien; a fin de cuentas, nadie se atrevería a romper una promesa hecha a la persona que uno ama. Y El no lo hizo; simplemente se quedó observandolá, apretando el puño y tragando saliva, para sofocar sus ganas, tanto las de llorar, como las de ir tras ella para abrazarla y entregarle, expresados en palabras, la maraña de sentimientos que habían reaparecido en su cabeza, los cuales no pienso transcribir aquí porque no quiero ganarme la fama de escritor cursi.
Esa fue la mejor de las últimas veces; y definitivamente no sería la última.